Tras la locura desatada en Caldos III, parecía que la calma iba imponiéndose en nuestro pequeño hogar. Los colonos estaban siendo atendidos y redistribuídos a la espera de la llegada de los refuerzos. El equipo científico de la nave está muy interesado en la biología de la colonia minera de la Corporación Gamma. Supongo que los mineros excavaron demasiado profundo, esta vez. El Alto Mando ha aprobado la compra de material: lo complicado será hacerse con él, pero el grupo de apoyo formado por la Pasteur y la Pulsar estudiará el caso con más detenimiento. Stevenson sigue estando destrozado, pero espero que el tiempo cure sus heridas. Han sobrevivido. Pueden sobreponerse mejor vivos que muertos.
Parecía que todo estaba tranquilo, hasta que nuestros invitados klingon han aparecido a informarme personalmente de ciertos asuntos que no me han convertido en una persona más feliz, precisamente. Nuestras sospechas sobre su presencia en este sector han sido confirmadas por ellos mismos: han entrado en mi despacho y me han informado de forma confidencial que forman parte del cuerpo de Inteligencia del Imperio Klingon. No era algo que esperara. Normalmente, los espías suelen negar que lo son. Pero, en ocasiones, tienen buenas razones para volar sus tapaderas. Buenas razones para ellos, mala noticias para los afortunados ganadores de su repentina confianza.
Al menos, ya sabemos por qué los romulanos estaban tan interesados en destruirles. K'mpek y Valkris habían puesto sus oídos y ojos cibernéticos en una interesante conversación entre un grupo pirata y los romulanos en la que los primeros cerraban un intercambio de armas con ellos, unas armas con las que esperaban darle una vuelta al desarrollo de su guerra contra los klingon. Las descripciones coinciden con las que la capitán de la USS Leopard dio tras el incidente de su nave en el rescate de la ISS Austin. Las naves pesadas tipo Iuben no son habituales entre los bucaneros del espacio... pero no es la primera vez que tenemos noticias similares. Nuestros invitados creían que podrían hacerse cargo de esta información y evitar el intercambio, pero al ver que el tiempo pasaba sin poder comunicarse de forma segura con el Imperio, vieron que les iba a ser imposible solucionar el problema por sí mismos y se han decidido pedir ayuda a la Federación.
El enemigo de mi amigo es mi enemigo, supongo que habrán pensado en eso. Sobre todo si mi amigo tiene naves en el sector y soy incapaz de solucionar por mí mismo un problema que también lo es de él. Intento que los sentimientos no afecten a mi desempeño, pero es difícil separar lo que se siente de lo que se razona. Mi razón sabe que, en circunstancias similares, un agente federal hubiera hecho lo mismo. Han reaccionado según sus principios, salvaguardando su misión y cubriendo su cuota de orgullo con su promesa de deuda familiar hacia mi persona, mi tripulación y mi nave. Mis sentimientos me recuerdan que arriesgué la vida de mi tripulación para sacar sus culos de la nariz de los romulanos. Que perdí una de esas vidas en el proceso. Ambas percepciones están ahí, como dos pesas en los platillos de una balanza. El equilibrio es esencial: no quiero perder de vista que lo que han hecho lo han hecho movidos por sus propios intereses y pueden volver a hacerlo; tampoco olvidar que, en su lugar, hubiera guardado los secretos de los míos con tanto celo como ellos. De todas formas, no he podido evitar tratarles con frialdad y desprecio. He dicho que, en similar situación, un agente federal hubiera hecho lo mismo. No que esa fuera a ser mi actuación.
Momentáneamente, nuestros intereses confluyen: a nadie le interesa que los romulanos obtengan un arma que pueda inclinar la balanza (parece que hoy está saliendo mucho a relucir ésta metáfora, Sekhi diría que me estoy haciendo viejo, pero ya lo decía cuando teníamos veinte años). Y ellos no tienen la posibilidad de impedirlo. Ellos tienen la información, nosotros, la potencia necesaria para intentar poner freno al intercambio. Tendremos que trabajar juntos para lograr nuestros objetivos comunes, por poco que me guste cómo nos han utilizado para sus propios fines. Sentirse usado no es plato de gusto para nadie.
Enviaremos un mensaje al Alto Mando informándoles de la situación y solicitando refuerzos. El curso de acción me parece claro, pero después de la última conversación con Dux, no quiero forzar la mano más de lo necesario. No hay mucho tiempo, pero sí el necesario para hacer las cosas como se supone que se deben hacer. De todas formas, comenzaremos a trasladar a los colonos a la Aurora para estar preparados para el viaje. Eso sí, el mensaje no puede ser enviado por los cauces habituales. En ocasiones, pueden tener más agujeros que un colador. A Ben Amid se le ocurrirá algo. Es su trabajo.
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