Después de que la Escuadra se encontrase en las coordenadas establecidas, hemos puesto rumbo a Bariser.
Nos hemos reunido los comandantes de las cuatro naves de la escuadra del Sector para discutir sobre los planes tácticos. La capitana de la Stronghold, Rheanna Lynch, el teniente comandante Phill Nathall de la Firefly, el teniente comandante Khor de la Rachel y yo.
Me tranquiliza la presencia de toda la escuadra, de sus veteranos comandantes y, especialmente, de la Stronghold, un crucero pesado de la clase Akira. Nuestras naves, en comparación con las de la clase D’deridex, son pequeñas, pero nuestra potencia de fuego, velocidad y maniobrabilidad son armas tan poderosas como cualquiera que puedan lanzarnos los romulanos.
Les he explicado a todos la situación, nuestras informaciones y nuestros planes previos. Hemos dejado de banda la cuestión política, estando todos de acuerdo en que, primero intentaremos una solución diplomática y pacífica. Ahora, con las cartas sobre la mesa, ya sólo queda tener la fe en la Providencia y mantener la pólvora seca.
- Por lo tanto, y dado lo poco que sabemos, los escenarios son muchos y variados. Por ese motivo, deberemos mantener un canal abierto entre nuestras naves para actualizar cualquier posición o decisión.- Dijo Hawkwood.
- Los romulanos jugarán sucio. Siempre lo hacen. Podrían tener las naves en ocultación, ser más de las que imaginamos y vaya usted a saber qué – Musitó desconfiadamente el comandante de la Firefly.
- Inteligencia de la Flota monitoriza los datos enviados por una baliza romulana, lo que nos confirma que son dos naves exploradoras y que son dos las d’deridex las que van en su apoyo. Las D’deridex son bastante lentas y mi personal de Ciencias está intentando saber si podríamos aprovechar el estar en un cúmulo de agujeros negos para afectar sus motores de singularidad.
- Yo no confiaría en ese punto. Comentó Khor. Creo que deberíamos centrarnos en el tema táctico en sí.
- En ese caso – Dijo Lynch – Quisiera que la Stronghold fuese en cabeza.
Hawkwood sonrió.
- Pretende negarme el placer de encabezar la carga? No, no es lógico.
- La Heracles está dañada. Ponerla en primera línea sería imprudente.
- Pero sólo lo sería si ellos supiesen el nivel de los daños. Además, nosotros fuimos los que cartografiamos el pasillo. Debemos encabezar la escuadra para poder guiarles. Aquello parecía razonable
- Formación – Preguntó Nathall.
- Sugerencias? – Ofreció Hawkwood.
- Los agujeros negros no están sobre Bariser, sino que el mundo tiene una estrella alrededor del cual orbita Bariser, como cualquier sistema estelar normal. En la zona orbital de Bariser tendremos espacio suficiente para maniobrar, varias Unidades Astronómicas antes de que nos arriesguemos a entrar en los horizontes de sucesos de los agujeros negros. Por lo tanto, sugiero una formación de diamante con las Rachell y la Firefly en los extremos. Son las más pequeñas y maniobrables.
- A mí me parece buena opción. Señores?
El resto asintió.
- Maniobras. Apuntó el capitán Hawkwood. Seamos sinceros. Su potencia de fuego es muy superior, aunque no por separado. En caso de combate, lo adecuado e concentrar el fuego de todas nuestras naves sobre un mismo objetivo. A parte de eso, el Escuadrón de Lanzaderas de la Heracles podría hostigar a las exploradoras para evitar su fuga. Pero si no fuese suficiente, quisiera que la Firefly se ocupase de ellas. – Era la nave de menor potencia de fuego comparada y sacarla del potencial enfrentamiento sería de menor consideración que si se tratase de cualquiera de las otras.
- Nuestras lanzaderas de ataque podrán ser especialmente útiles en este caso. Dijo Lynch. Las Clase Akira podían llevar hasta cien lanzaderas.
- Deberíamos hacer ataques rápidos y usar la maniobrabilidad para la defensa. Nuestras naves no tienen parangón en velocidad y menos contra esos inmensos y lentos acorazados. Sugiero ataques en círculo.
- Pero la otra nave se echará encima enseguida. Cómo evitarlo?
- La Heracles se ocupará de entretener a la otra nave.
- Con el debido respeto, Will, creo que intentas abarcar todas las medallas. La Heracles no está en condiciones de aguantar a una D’deridex pero la Stronghold sí.
Los otros dos capitanes sonrieron asintiendo, así que Hawkwood cedió.
- De acuerdo. La Stronghold entretendrá a la segunda. En caso de que nuestras trampas de minas funcionen de manera directa o causen daños por haberlas evitado acercándose a las influencias gravitacionales de los agujeros negros, tendremos que empezar por la más dañada.
- Está claro – Dijo Khor recordando la reunión del día siguiente añadió - Los romulanos deberán de entrar con los escudos levantados y la ocultación bajada, porque, de lo contrario, se verán expuesto a la radiación de todos esos agujeros negros de manera muy peligrosa.
-No tiene porqué. Apuntó Nathal rascándose la barbilla y con gesto despreocupado. Los romulanos, al igual que los vulcanos, pueden resistir grandes cantidades de radiación sin verse afectados. La propia atmósfera de Vulcano es bastante delgada en comparación a otros mundos de la Clase M.
- Eso es cierto – Convino Lynch. Y los romulanos son lo suficientemente despiadados como para exponer a toda su tripulación a la radiación a cambio de obtener el factor sorpresa de llegar con la ocultación.
- Pero… si llegan con la ocultación y escudos bajados y se topan con una mina, tendrán graves daños, al igual que desconocemos la interacción entre la radiación de los agujeros negros y los campos de ocultación. Sin duda son despiadados, pero los riesgos son muy altos. - Y qué pasa si tienen rehenes? – Dijo Nathall.
Todos guardaron silencio meditando.
- Yo voto por asaltarles – Apuntó el teniente comandante.
- Yo opino lo mismo. Dañar sus escudos y asaltar las naves exploradoras.
- Pero eso implicaría un incidente de manera directa.
- La Flota no puede permitirse que el señor Cromwell llegue a Rómulo. Ni podremos ceder a chantajes. Si tienen rehenes, deberemos rescatarlos. La Heracles tiene un equipo preparado para eso. Nuestro Grupo de Asalto y Rescate es un proyecto que comenzó MacGregor y que estamos dispuestos para darle su bautismo de fuego.
La capitana chasqueó la lengua.
- Espero que no tengamos que recurrir a eso.
- Todos sabemos que los romulanos no cederán. No han llegado tan lejos para echarse atrás en el último momento.
- Y el Almirantazgo considera que va a haber muchos problemas con ellos a corto plazo, de modo que tampoco creo que se amilanen sólo por nuestras naves y nuestras palabras.
- Una pena.
- Una pena y una tragedia. Pero debemos detenerles. Así pues, en resumen., formación de diamante con las naves ligeras en los vértices laterales, la Stronghold entretiene a la nave B mientras nosotros inutilizamos la A, la Firefly apoya a las lanzaderas si resultan insuficientes para evitar la marcha de las otras naves… Pues ahora, entremos en detalles técnicos...
La conversación siguió al menos una hora más. Los comandantes discutieron, opinaron y razonaron sobre las opciones militares y acordaron puntos de inflexión, métodos y detalles de todo tipo. Los cuatro eran veteranos, aunque la reputación de Hawkwood en la Guerra Dominion se dejaba ver con frecuencia.
- Entonces, Will – dijo Lynch - El Capitán Kiwi cabalga de nuevo a la guerra, no? Los otros comandantes se rieron.
Hawkwood se sorprendió.
- Capitán Kiwi!? No me llamaban así desde… bueno, desde que acabó la guerra.
- En serio? Será delante de ti, porque todos los comandantes se refieren así siempre cuando hablan de ti.
- En serio? Vaya… Algo turbado, Hawkwood acabó sonriendo. Pues es un buen apelativo. Sí, -concluyó con orgullo patrio– El Capitán Kiwi cabalga de nuevo a la guerra… y esta cabalga no va solo – Les guiñó un ojo
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