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Teniente Jr. Jim Calloway
Departamento de Diplomacia y R.E.
Fecha Estelar 53120.00
Diario Personal
(Engloba los días 17,18 y 19)
Desde la última vez que escribí, los acontecimientos se suceden como en una cascada. No hay lugar para el respiro. La situación en Eanlia está implicando de una u otra manera a todo el personal de la nave y se respira un ambiente tenso, que provoca que entre nosotros mismos se generen situaciones de tirantez.
Durante este tiempo he tenido la oportunidad de conocer más en profundidad al jefe de Inteligencia, el teniente Dave Cromwell. Tuvo la amabilidad de invitarme a comer para estrechar posturas de cara a los futuras acciones diplomáticas en Eanlia. Después he mantenido con el varias charlas, tanto en su departamento como en mi camarote, y aunque disentimos en varios aspectos formales, en el fondo tenemos las mismas convicciones. Es un hombre que me produce mucho respeto. Sus ideales son tan firmes como los míos. Pero él utiliza otros métodos para llevarlos a cabo, más maquiavelistas. En el fondo lo compadezco. No tiene que ser fácil transitar por caminos "vecinales", siempre expuesto al reproche y a la incomprensión y, en muchas ocasiones, vilipendiado injustamente. Tengo el presentimiento que como buenos antagonistas, acabaremos siendo amigos.
Otro hecho que me ha preocupado en grado sumo ha sido la amenaza de una denuncia por torturas sobre nuestro Primer Oficial y mi apreciado amigo Tar. El asunto se ha desarrollado al filo de la navaja. Gracias a la intervención del Capitán mediando con el gobernador Zheyst, se ha podido encontrar una solución satisfactoria. Y aunque reconozco que el señor O'Megh cometió una imprudencia, no es menos cierto que lo hizo para conseguir información vital para la Federación, máxime si tenemos en cuenta que delante tenía una chusma asesina y pendenciera. Y además, ya sabemos cómo se las gasta un klingon. Me alegro por ellos. Se entregan en cuerpo y alma a su labor y no se hubieran merecido castigo alguno.
Un asunto que me tiene intranquilo es la llamada de la doctora Voren insistiendo en mi revisión. Tengo la impresión de que sospecha algo y no sé el motivo. Estuvo estudiando concienzudamente mi cicatriz y temo que, tarde o temprano, de con la raíz del problema. No estoy preparado para eso. Tendría que dar muchas explicaciones y no lo deseo. Por otro lado podría suponer una traba en el ejercicio de mis funciones. No se qué hacer. De momento dejaré que el tiempo dé la última palabra.
La llegada a Eanlia ha traído muchas consecuencias. Los departamentos médico y científico están volcados en conseguir una cura para la infección. Y el mío en conseguir un acuerdo firme con los eanlianos. Hemos tenido una cena informal con el presidente Baena que no ha sido todo lo cordial que esperaba. Parece como si este hombre ocultara algo o jugara a dos bandas. Está claro que, en lo que respecta a la propagación del virus, todo son largas y frases vacías. Nadie sabe la verdad, o por el contrario, nadie se atreve a decirla. Esta mañana he efectuado un discurso en el Senado. He procurado darle un aire conciliador, ahondando en lo que significa la Federación y sus valores, y disculpándome por errores pasados. Sin embargo, fue gracias al apoyo de una senadora, Alice Kewell, por lo que tuvo buena acogida finalmente. Es por eso, por lo que me he decidido invitarla a comer y a conocer la nave, para de paso acercar posturas y conocer sus intereses, máxime teniendo en cuenta que el líder de la oposición, un tal Gnezsa, no parece comulgar mucho con nuestras intenciones. No obstante, ha tenido la deferencia de invitar a nuestro Capitán a comer, hecho muy interesante que puede sernos de gran utilidad.
Eanlia también nos ha dejado un mal sabor de boca. En una mision para salvar una central energética, cuya explosión podría haber conllevado graves consecuencias humanitarias, hemos perdido al ingeniero Gerd. La teniente Frye, que vino para tratar el asunto de su funeral, está muy afectada. Afortunadamente su sacrificio no ha sido en vano, pero me temo que quizás no sea el único precio que tengamos que pagar por salvar este mundo. De hecho, en estos momentos hay una misión en busca de la cepa del virus de la que no se sabe su situación. Confío en que todos vuelvan sanos y salvos y con su objetivo cumplido. Va en ella mi amigo Arlan y mi estimado O'Megh, a parte de otros compañeros, y no quisiera que les ocurriera nada malo.
Por último, no podía dejar de hablar de un extraño incidente ocurrido en mi camarote ayer por la noche. Recibí la inesperada visita de la alférez Bates para hacerme partícipe de la pérdida de un familiar en el ataque a la Tierra. Sin embargo, sus maneras y atuendo parecían inclinar la visita a un aspecto más íntimo. Lógicamente esa no era mi intención, pero he aquí que coincidió con la llegada de la contramaestre Sharrel para revisar la puerta, la cual sufrió un desgraciado accidente, afortunadamente leve, que propició que la invitara a entrar para poder curarse. A renglón seguido apareció mi asistente Al-Manzor que malinterpretó la presencia de las dos jóvenes y, lo que es peor, la teniente T'Val, que venía con intención de intercambiar impresiones. Aquella amalgama, presenciada por distintos tripulantes, ha derivado en una serie de suposiciones incorrectas sobre mi relación con dichas señoritas y ha disparado un sin fin de rumores infundados por toda la nave que tengo que intentar atajar. Lo siento sobre todo por T'Val, que aunque intenté explicárselo, temo que haya adoptado un concepto equivocado sobre mi persona que pueda perjudicar nuestra incipiente relación. Debido a nuestras ocupaciones no he vuelto a hablar con ella desde entonces. Intentaré hacerlo en cuanto pueda pero recelo de su posible reacción.
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